martes, 21 de noviembre de 2017

SAVIA: LA EXPLOTACIÓN DEL CAUCHO



Savia, el horror del caucho
Aunque la historia insista en reducirla a una época de bonanza desperdiciada, la fiebre del caucho originó un genocidio en los márgenes del río Putumayo. Un siglo después, el teatro punza la herida y nos acerca a la selva, ese follaje lejano que depredamos con descaro.
A María Josefa (Cindy Díaz) la secuestraron, y quemaron a su familia en la maloca. Le enseñaron español, blanquearon su tono cobrizo con polvos, y la instalaron como sirvienta y puta doméstica. Un buen día, sin razón aparente, después de exhibirla en ferias como la 'nueva mujer amazónica', la degollaron.
A la 'Mujer' (Evelyn Allauca), por liderar una rebelión, le arrancaron la cabeza, la envolvieron en una bandera, y le prendieron fuego.

A la 'Niña' (Alejandra Bouroncle), unos barbudos la raptaron de los brazos de su madre para violarla a su antojo y ofrecerla a comerciantes y caucheros por unas monedas. Un par de abortos después, la 'Niña' salió embarazada y decidió callar. La descubren y, acto seguido, la decapitan.
Las tres murui –etnia de la amazonía peruana y colombiana a la que llamamoshuitoto coloquialmente– han perdido la cabeza. Sus cabezas, metáfora de su pisoteada identidad cultural, se alojan en las entrañas de Don Jesús (Leonardo Torres), un anciano moribundo, atacado por la uta. Apenas restos del poderoso y salvaje hombre que fue: un cauchero despiadadamente próspero que por cada tonelada de caucho, el oro blanco del siglo pasado, mataba a diez indios.
En aras de la civilización y el progreso, azotaba a sus esclavos, los obligaba a comer partes de su cuerpo y, cuando no estaba de muy buen ánimo, arrojaba sus incineradas cabezas a los perros.
No es ficción esta brutalidad. Ocurrió. En las escuelas solo es una página superficial donde se lamenta un boom desaprovechado, entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX.
La educación, muchas veces empecinada con imbecilidad en cuidar las formas, ha suprimido el genocidio de más de 40 mil nativos, en la frontera entre Perú y Colombia, en las riberas el río Putumayo.
Julio César Arana es el cauchero riojano, nacido en 1864, fundador de la Casa Arana, posteriormente conocida como la Peruvian Amazon Rubber Company, tras la participación de capitales británicos, quien cometió esta barbarie.
Y aunque afrontó sonados juicios, incluso en Londres, salió bien librado al punto de ser senador por Loreto durante el Oncenio de Leguía. Murió en Lima a los 88 años, en 1952, sin haber pagado sus crímenes en esta vida.
La ficción, reivindicativa, se las ingeniará para que Don Jesús, personaje inspirado en Arana y la xenofobia de Donald Trump, no se marche, inconsciente.
De eso se encargarán María Josefa, la 'Mujer' y la 'Niña', quienes solo podrán recuperar sus 'cabezas' si purgan la memoria del viejo cauchero antes de los suspiros finales.

Sesión de ayahuasca

Salvo Alejandra Bouroncle, ni Cindy Díaz ni Evelyn Allauca tenían una relación estrecha con la selva. La desconocían como el común de capitalinos.
Cindy había rodado Planta Madre (2014) en Iquitos, pero nunca se internó en la selva. Y Evelyn ni siquiera había pisado la amazonía.
Alejandra, por su parte, vivió su primer año en Iquitos, adonde fue destacado su abuelo, como militar, y regresó un par de veces, durante su infancia, pero no más.
¿Cómo podían, entonces, encarnar a tres nativas del pueblo nativo más golpeado en la era del caucho? ¿De qué manera transmitirían genuinamente el horror de las tres murui?
Luis Alberto León, dramaturgo que celebra su condición de aprendiz, tenía claro de que en esta segunda obra de su trilogía (empezó con La cautiva, en el 2014) sobre episodios cruentos de nuestra historia ameritaba 'conectarse' de una forma más auténtica con la amazonía. Devorar los pocos libros y documentales al respecto ayudaba pero no bastaba.
Acudieron al llamado de la ayahuasca, planta madre, sabia y sagrada, una noche de inicios de junio. La sesión la dictó un maestro muy joven de la comunidad de San Francisco, Pucallpa, en la misma sala de ensayos en Barranco.
Hubo preparación previa: dieta y abstinencia sexual. La experiencia, aunque distinta, evidentemente, resultó reveladora. Se descubrieron enfrentándose a sus complejos y temores.
"No me sentía tan satisfecha conmigo misma porque me faltaban muchas cosas por lograr, pero la planta me dijo: 'Tienes lo suficiente para ser feliz'. Fue mágico. Lloré mucho", cuenta Cindy, quien vio a un cóndor sobrevolando montañas y flores.
Allauca se acercó a la planta con una duda existencial: quería saber cuál era su peor defecto.
"Pensé que era la envidia pero la planta me mostró que es la desconfianza. Es algo con lo que debo luchar", reflexiona.
A diferencia de Cindy y Evelyn, Alejandra Bouroncle conocía la planta. La había bebido a fines del año pasado, junto con dos amigas, en Pucallpa. Pero aquel primer acercamiento había sido adverso.
"Cuando la pasas mal es por algo. En esta segunda vez me sentía muy bien, preparada, para recibir a la planta. Y así fue. No fue una intromisión, sino más bien un viaje perfecto", dice Alejandra, quien no puede olvidar la significativa imagen de una araña tejiendo mandalas.
Cinco meses después, el último martes, fecha del debut, las tres pusieron carne y alma para transmitir el espanto.
"Tanto nos abusaron y nos quitaron que ya no nos recordamos nada, ni de nuestro sufrimiento nos recordamos", lamenta la 'Mujer'.

Las cabezas de Savia

Un año tardaron Luis Alberto León y la directora Chela de Ferrari para moldear Savia.
Artistas plásticos los dos fueron seducidos por el teatro en la segunda juventud. Y aunque se conocían desde hacía años por montajes del teatro La Plaza, donde De Ferrari ejerce como inamovible directora artística, fue recién en el 2014, con La cautiva, que se dieron cuenta de su química creativa.
"La poética de 'Pepo' (León) es tan cruda que permite trabajos perturbadoramente bellos. Es generoso, pues me permite entrar en su universo y apropiármelo".
Con los aportes de los investigadores Wilton Martínez y Diana Galván, ambos cuestionan la mirada citadina de la amazonía.
"La selva sigue siendo un lugar lejano para explotar y depredar. Es un campo de batalla comercial. Una tierra incógnita, amenazante y salvaje. No comprendemos que las culturas amazónicas poseen un conocimiento ancestral que podría nutrir considerablemente nuestra percepción de las cosas", sostiene 'Pepo' León.
No es palabrería lo suyo. El artista plástico huitoto-bora Brus Rubio pintó un cuadro descarnado a propósito de Savia, que recibe a los espectadores en la sala del teatro La Plaza. Por si fuera poco, su madre, la actriz bora Marlena Churay, tiene una intervención valiosa en el curso de la obra. Y en su idioma nativo, por supuesto.
"Es una frivolidad que en los libros de historia no se incluya este genocidio. ¿Qué decimos con esa ausencia?", cuestiona Chela de Ferrari, quien ha prometido visitar la comunidad de Marlena en Pucaurquillo, en la provincia de Ramón Castilla, a cinco horas de Iquitos en 'peque peque'.
La única vez que De Ferrari visitó la selva fue hace unos años, junto con sus hijos, en un viaje netamente turístico. En casa jamás se habló de ese territorio detrás de los Andes.
"Quiero creer que si nuestros niños conocen esta barbarie nos acercaremos más como país". A plantarle cara al horror de María Josefa, la 'Niña' y la 'Mujer'.

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·                     Jaén y la cultura Marañón


domingo, 9 de octubre de 2016

EL ARTE, como fuente de creación en las escuelas.

León Trahtemberg: “El arte posee valores más potentes que la matemática”



“La escuela tradicional considera al chiste una herejía […] Cuando uno recuerda su historia escolar, evoca 2 cosas principales: los amigos y el recreo”.


La coyuntura político-educativa ha puesto en el ojo de la tormenta (adrede o no) la gestión en el Ministerio de Educación. So pretexto de ello, buscamos al líder pedagógico León Trahtemberg para ir más allá de la coyuntura y que nos dé luces de la problemática educativa.
¿La educación en el Perú ha tenido avances?
En los últimos años se ha hecho un esfuerzo por revertir el deterioro acumulado. Pero son acciones que impactan, sobre todo, fuera del aula. La tarea pendiente es lograr ahora un salto adelante dentro del aula.
¿Es normal que un niño no quiera ir al colegio?
Precisamente, ese es un diagnóstico de que algo está pasando en la escuela que hace que los niños se sientan fracasados, inútiles.
No encuentran motivación.
Es lógico. Si el Ministerio de Educación todos los años publica los resultados de las pruebas censales en las que identifica si los alumnos están aprendiendo o no, y le dice a la opinión pública que el 75% de los alumnos fracasa en el aprendizaje básico de las matemáticas, y todo el tiempo se transmite el mensaje de que la mayoría de peruanos no aprende; entonces, cómo un alumno puede disfrutar de ir a la escuela.
¿Qué opina de las calificaciones a través de letras?
En la medida de que las letras se establecen como equivalencias de números, entonces no implica ningún cambio. El sentido de usar letras quizá se puede parecer a los colores de los cinturones del karate. Tener un cinturón marrón no significa que no sabe karate. Los números establecen jerarquías. Y al jerarquizar comparas, y al comparar te olvidas de las diferencias individuales porque asumes que todos son igualmente capaces de lograr el 20.
Se dice que el ministro de Educación, Jaime Saavedra, es uno de los mejores que hemos tenido. ¿Qué opina?
Lo que pasa es que cuando uno habla de un ministro se tiene que hablar del paquete completo. Tengo simpatía grande por él, pero no estoy de acuerdo con lo que están haciendo con el currículo, el proyecto de reglamento de la educación privada y con la falta de promoción a la innovación en educación. Pero cuando miro el panorama completo y veo lo que ha promovido en los últimos tres años, encuentro que tiene una serie de méritos.
Viendo el paquete completo, ¿debe seguir?
No tengo una opinión formada al respecto. Depende de las alianzas que sea capaz de establecer con los distintos sectores que lo cuestionan. Un ministro es constructor de puentes.
En la calle se discute que no hay docentes comprometidos. ¿Qué opina?
¿Cuál es la probabilidad de que una persona que va a una universidad le toque un profesor de vanguardia? Para estar en la vanguardia se requiere ser un investigador y estar al día con todo lo que ocurre en su área o ser una persona que está en el mundo de los negocios. En el común de las universidades hay muy pocos investigadores y los profesores de tiempo completo, o buena parte de los que son solo catedráticos, no tienen idea de lo que pasa en la calle.
¿Y a los padres de familia qué les toca?
Tienen como experiencia en educación la que tuvieron cuando fueron al colegio o universidad, y a ellos les da seguridad que se siga haciendo lo que siempre se ha hecho. La única manera de moverles el piso es levantar positivamente a los que hacen las cosas de otra manera y que funcionan bien. Es cómo paulatinamente los padres empiezan a apreciar el arte, porque la gente comienza a entender el valor de las artes plásticas, la música, el teatro. Este último, por ejemplo, tiene un potencial para que los chicos empiecen a desarrollar su personalidad e imaginación.
¿Estas artes son realmente potentes agentes de cambio?
Muy potentes. El arte posee una cantidad de valores sociales, personales, culturales, comunicacionales mucho más potentes que la matemática o el lenguaje escrito. Lo que no quiere decir que no esté bien que sepan escribir o calcular. Lo que digo es que hay una serie de capacidades y necesidades en la vida humana que no quedan resueltas por saber escribir o calcular.
¿Los cursos de arte deben tener más horas de clases?
Uno de los problemas es la concepción de que cada curso tiene un número de horas. Cuando separas los cursos le dices al niño ‘no integres, piensa en las cosas segmentadas, que la matemática no tiene nada que ver con la biología’. Por ejemplo, hay una obra en La Plaza, que es La Odisea, donde se integra música, danza con tolerancia a la frustración. Claro, en un curso tradicional eso sería psicología y no arte.
¿El Plan Lector funciona?
Es que es una catalogación de lo que hay que leer a determinada edad; otra vez, es una manera de encasillar. Todo este intento de convertir al ser humano en un robot atenta contra el placer del aprendizaje.
¿El valor del juego, del recreo, qué tanto debe revalorarse?
La gente aprende jugando. El humor también es sancionado. La escuela tradicional considera al chiste una herejía. La escuela tradicional tiene que ser solemne, fría, castigadora, sagrada. Y por eso es que cuando uno recuerda su historia escolar, evoca dos cosas principales: los amigos y el recreo, igual que en una cárcel.
Autoficha
“He estudiado Ingeniería Mecánica; maestrías en Administración de Empresas, Educación, especialización en Administración Educativa y me han regalado cuatro doctorados. He publicado como 25 libros. No me veo como un líder político, me siento un ejecutor”.
“En el Perú, el ministro de Educación es el cuarto o quinto hombre que decide en Educación. Tienes al presidente, al primer ministro, al ministro de Economía, que decide mucho más que el de Educación, y el liderazgo político en el Congreso”.
“Cómo puedes empujar la educación peruana, desde la perspectiva de un ejecutor como yo, cuando tienes que subordinarte a tantos pareceres. En el colegio fui el primer alumno en primaria hasta que me di cuenta de que eso no sirve de mucho. Era muy bueno en matemática, ciencia”.






FUENTE: http://peru21.pe/opinion/leon-trahtemberg-arte-posee-valores-mas-potentes-que-matematica-2259147


martes, 11 de agosto de 2015

YUYACHKANI. SIN TÍTULO, TÉCNICA MIXTA.


Nuestras heridas

Personajes de la dictadura de Fujimori; Vladimiro Montesinos, Nicolás de Bari Hermoza Rios.

La actriz Ana Correa interpreta a una mujer ashaninka, en el periodo en esta comunidad fue esclavizada por Sendero Luminoso.

 El actor Julián Vargas con la bandera roja representando al terrorista Abimael Guzmán, sobre una urna del Santo Sepulcro de Ayacucho.
Un escolar traslada la foto del presidente de la Comisión de la Verdad salomón Lerner. Acompaña Ana Correa con un luto riguroso como la viuda de Miguel Grau.

 Folio de la corrupción con una caricatura de Alberto Fujimori (encarnado por el actor Augusto Casafranca) lanzándole la pelota a Montesinos.
Una bandera bicolor hecha con harapos. Alude a la ocupación de Tacna por las tropas chilenas en 1920.   La acompañan las actrices Rebeca Rally (izquierda) y Debora Correa.

lunes, 1 de diciembre de 2014

PROMOCIÓN 2016. Recuerdos artísticos.

Estudiantes del tercero G; pese a que obviaron algunas partes estuvieron muy bien.

Estudiantes del tercero J, de la promoción 2016. Después de su presentación en un momento de relajo.

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miércoles, 18 de junio de 2014

ROBERT MCKEE

Lo recordé hace unas semanas, en una conversación con el cineasta Daniel Rodríguez, quien también siguió un curso con él. Yo hice lo mismo en octubre del 2009, en el Auditorio Belgrano, en Buenos Aires.
Me refiero a Robert McKee, el papa de los guionistas y el amo de los talleres vertiginosos. Su libro El Guion es considerado como la biblia en las escuelas de cine, les cuento. Y verlo a McKee dictando su seminario de treinta y seis horas, qué quieren que les diga, esun espectáculo aparte. El tipo solo hace pausas para tomar una infusión.
Si no me falla la memoria, vestía una chompa naranja, y los puños de su camisa le chorreaban a la altura de las muñecas. Enfundaba unos pantalones negros y en uno de sus bolsillos traseros guardaba el micrófono portátil. Para caminar cómodamente por el escenario, lucía unas zapatillas blancas. Sobre una silla alta reposaban sus apuntes, como si se tratasen de una partitura.
“No se puede trabajar en este negocio (del cine) sin haber leído mi libro”, dijo apenas arrancando, sin ninguna modestia, este ex actor y ex director de teatro, que odia ir al cine y que disfruta mucho echando a la gente de sus cursos.
El auditorio estaba atiborrado. Seríamos unas setecientas personas. La mayoría vinculada al mundo del cine y del teatro y de la actuación. Otro tanto eran escritores, periodistas y qué sé yo. El silencio era sepulcral, recuerdo. La gente lo escuchaba ávidamente. Y les confieso que pocas veces he visto a un orador tan eficiente y efectista como McKee.
“¿Qué hace que una película tenga piernas? Que sea culturalmente específica, que tenga un punto de vista local. Que enseñe algo nuevo. Que nos haga reír de algo de lo que no habíamos reído antes. Que sea universalmente humana. Que sea auténtica”, dijo el gurú hollywoodense. “Lo más importante es contar, y contar de una manera bella. Y eso es sumamente difícil”, añadió.
Ahora, si me preguntan, lo más divertido era cuando se salía del tema, como para darle un aire al público, arrancarle una sonrisa y desinflar el agotamiento. “Canadá no es un país de verdad. ¿Qué mierda es Canadá?”. “En Manhattan, cuando llueve, desaparecen los taxis”. “Mis conciudadanos son muy trabajadores, pero ignorantes y estúpidos”. “Las mejores personas salen de familias disfuncionales, hay otros que salen como George Bush”. “¿Han visto a Bugs Bunny? ¿No les parece que se disfraza demasiado de mujer?”. “Los ambientalistas creen que sus películas solo pueden ser verdes”. “Este país (Argentina) está lleno de italianos. Tiene que haber mafia”. “Los peores crímenes los cometen los gobiernos”. “¿No hay alguien que trabaje
en la oficina de Spielberg, y le diga: Steve, esto no va?”
En opinión de Robert McKee, el guionista debe saber que, cuando escribe una historia, está buscando una metáfora. “La verdad no es lo que ocurre, sino el por qué y cómo pasan las cosas. La verdad está en la interpretación”, sentenció.
Al repasar mi cuaderno de anotaciones me encuentro con una serie de frases desordenadas regurgitadas por este maestro parlanchín. “Los más memorables momentos del cine son los silencios”.
“El diálogo es acción”. “Cuando nos bloqueamos, hay que ir a la biblioteca; el talento no desaparece, pero hay que alimentarlo; hay que leer; hay que hacer investigación”. “La gente que no lee, no puede escribir”. “¿Por qué reaccionamos distinto ante un cuerpo muerto que ante una lectura sobre la muerte?
Porque en la vida las emociones y las ideas vienen por separado. La muerte es el signo de puntuación de la vida”. “Los escritores son peligrosos porque expresan ideas con emociones. Por eso el poder nos percibe como peligrosos. Las ideas no son temidas por el poder. Lo que atemoriza es la emoción. Y cuando la emoción llega a la calle, la cosa cambia”. “Nuestra única responsabilidad como escritores es contar la verdad”. “Crean en lo que hagan, en lo que escriban. La verdad no destruye”. “Un escritor tiene que ser escéptico”. “Si escriben algo que no ofende a nadie, que no suscita reacciones, ¿qué mierda han escrito?”. “Ser escritor toma diez años de fracaso y diez obras que nadie valorará. Y encima hay que ser afortunados”.
Grande, McKee.
FUENTE: http://www.larepublica.pe/columnistas/el-ojo-de-mordor/robert-mckee-20-04-2014

martes, 17 de junio de 2014

LECTURA Y TEATRO Salomón Lerner Febres



La lectura y la reflexión ética

Hace algún tiempo escribíamos sobre la importancia de la lectura.  Complementando esas ideas hoy quisiéramos  decir que la lectura forma nuestra sensibilidad y nuestro pensamiento a la vez que ofrece un material de incalculable valor para la reflexión moral y política. Las tragedias clásicas, los dramas de Shakespeare, las novelas rusas, entre otros notables textos, elaboran un complejo retrato del alma humana, de sus inclinaciones y conflictos, así como plantea la posibilidad de examinar posibles cursos de acción, normas y formas de comportamiento concebidas como potencialmente virtuosas o viciosas. La literatura nos acerca al universo de la conducta humana en la perspectiva de la experiencia, no desde la abstracción puramente teórica.
La lectura orienta nuestra capacidad de juzgar y forja nuestro carácter. Nos invita a explorar la densidad y complejidad de otras vidas y examinar otros modos de valorar la existencia. Nos permite comprender y cuestionar las decisiones de personas que tienen otras costumbres, profesan otros credos y abrigan otras aspiraciones para sus vidas. Los grandes libros hacen posible que nos acerquemos, no con la claridad del principio racional, sino con la perspicacia propia de la sabiduría práctica, a la particularidad de las vidas de seres concretos, que tienen que enfrentar situaciones adversas o propicias respecto de sus anhelos cotidianos, circunstancias que ponen a prueba sus capacidades y disposiciones morales. Adentrarse en la lectura implica poder sentir la tristeza o la indignación de la víctima que padece un mal inmerecido, vibrar con el reencuentro de los seres queridos tras una larga separación propiciada por los dioses. Las grandes obras alientan el desarrollo de la empatía a la vez que promueven el discernimiento en torno a situaciones críticas de  nuestra propia vida.
El tipo de reflexión que ofrece la literatura nos sitúa en medio de dilemas morales concretos, que los personajes afrontan poniendo en juego no solamente su capacidad para comprender y actuar sino también nos acerca a  sus actitudes emocionales y a su manera de procesar su propia historia personal. Son justamente esas situaciones, en las que es necesario optar, en las que se  someten a prueba tanto los principios que rigen realmente sus acciones como sus competencias para interpretar acertadamente las situaciones que enfrentan y las relaciones que entablan con otras personas. Las novelas y las obras teatrales nos exhortan a ponernos en el lugar de los personajes que enfrentan tales circunstancias, lo que nos permite formar y sopesar nuestra propia capacidad de comprometernos con el otro. Las obras literarias pueden fortalecer nuestro sentido de solidaridad y de justicia.
Las novelas y las obras teatrales pueden asimismo promover un sentido firme de ciudadanía y afirmar la cultura de los derechos humanos. El compromiso con los derechos universales requiere tanto de convicción y lucidez en materia de la reflexión y la observancia de las normas como disposiciones para el reconocimiento del otro y de las situaciones de injusticia que enfrentan y en tal circunstancia las obras literarias interpelan a la vez nuestra mente y nuestro corazón. Las distopias que retratan Un mundo feliz y 1984 –por citar solo un caso– nos describen un sistema de instituciones en los que la libertad individual no tiene lugar y en el que las diferentes situaciones de la vida pública y privada de la gente no escapan a la mirada vigilante de los gobiernos. Estas narraciones distópicas nos invitan a pensar las condiciones del ejercicio de la libertad (y las condiciones de su pérdida). De hecho, nos interrogan acerca del lugar de la autonomía en nuestras vidas y su valor como un principio rector para una sociedad justa y razonablemente estructurada. La lectura de obras literarias promueve este ejercicio moral tan importante y nos remite hacia nuestra propia existencia para preguntarnos acerca de su valor y sentido.
FUENTE: http://www.larepublica.pe/columnistas/desde-las-aulas/la-lectura-y-la-reflexion-etica-10-08-2013