miércoles, 31 de julio de 2013

HERNÁN ROMERO. Entrevistas.

ENTREVISTA. El primer actor, que encarna al doctor Frederick Treves en ‘El hombre elefante’, habla de su trayectoria, del giro que le dio el cristianismo y de sus deseos de incursionar en el espectáculo circense. Pronto estrena ‘La heredera’ con Ofelia Lazo y Regina Alcóver.
Estefany Barrientos F.
Hernán Romero no es un hombre de risa fácil. Define ser actor como “un enamorado de la vida” y sonríe ante la posibilidad de que sus dos hijas compartan ese romance. Fundador del Teatro de la Universidad Católica (TUC) y con varios reconocimientos señala que los premios “no lo envanecen”.
En la obra ‘El hombre elefante’ usted tiene el conmovedor papel que Anthony Hopkins hizo  para el cine.  
Pero la película es triste, melancólica, ¿no? Aquí hay un toque de humor que el mismo Joseph Merrick (‘El hombre elefante’) propone: se ríe un poco de sí mismo, de su deformidad, no es un hombre que maldice, a pesar de su desgracia.
También se aborda el tema de ser aceptado y no serlo.
Al principio mi personaje se siente atraído por un tema científico, pero luego empiezan los cuestionamientos: si es correcto para el hombre elefante hacerlo normal. La alta sociedad va a visitarlo y... hasta qué punto es un sentimiento genuino o es un sentimiento frívolo para tener tema de que hablar.
¿Es cierto que usted llamó ‘suicidio’ al hecho de reconocerse como actor?
Claro, porque cuando decidí dedicarme a esto no existían las carreras intermedias. O eras médico, abogado, militar… Si no eras una de esas cosas no eras nada, y yo opté por ser nada (sonríe). Mi padre se volvía loco; ya después vio que era feliz con lo que hacía y que progresaba. Ahora las temporadas duran mínimo dos o tres meses, y va a ser una carrera de la cual se pueda vivir.
¿Ser cristiano ha determinado la elección de los papeles?
No. Hay papeles que no aceptaría. Por ejemplo, en ‘La celebración’ acepté un personaje terrible, un padre que violaba a sus hijos, pero había que hacer la denuncia y tenía que cumplir una función. Me costó muchas noches de reflexión y de dudas para aceptar ese personaje, pero al final resultó.
¿Desde cuándo tiene ese concepto de ser instrumento y no protagonista?
Hace diez años o doce años. Justo estaba haciendo ‘Las manos sucias’ (la única vez que se ausentó de una función) y se dio la perforación del intestino, me dio septicemia y ahí entendí. Me permitió que siga viviendo.
Después de eso creó ‘La palabra sola’, obra que lo llevó a varios países...
Con ‘La palabra sola’ he visitado todo el mundo y en noviembre regreso a Bolivia.
Es curioso que no se sume al grupo de actores que critican con dureza la televisión local.
Soy un actor. Mi profesión es actuar y me gusta hacerlo bien. No discrimino el medio, ni televisión, ni cine, ni teatro. Si el personaje me gusta, lo hago.
¿Lo veremos de regreso en la pantalla grande?
Tengo una propuesta para fines de octubre o comienzos de noviembre. Es una película blanca para jóvenes, una historia muy dulce. Sería un papá que va descubriendo cosas importantes, eso es lo lindo.
Y será villano en ‘La heredera’ de Osvaldo Cattone y actuará con Regina Alcóver y Ofelia Lazo.
Termino ‘El hombre elefante’ el domingo 4 de agosto y el 8 estreno ‘La heredera’ en el (Teatro) Marsano. Con Regina volvemos a trabajar después de más de 40 años y con Ofelia no había trabajado en tablas. Algunos dicen: “Cómo puedes con dos obras”. Bueno, es como si uno tuviera una serie de casilleros, cierras uno y abres otro (ríe).
Hace poco se inauguró la sala Ricardo Blume. ¿Usted también sueña con algo así?
Tengo muy gratos recuerdos de Ricardo Blume; él ha sido mi maestro, un ejemplo de actor y un ejemplo de vida. Pero yo prefiero hacer lo mío bien y no aspirar a cosas más grandes y fracasar. Lo que llegue, llegará.
En 53 años como actor, ¿hay alguna cosa que le falte hacer?
Circo. Nunca he hecho circo, me gustaría ser payaso, no he hecho ‘claun’ por ejemplo. Soy buen comediante con mi cara seria y todo (ríe).
¿Ya escribió el guion?
No, todavía. Mi hija Patricia es la que escribe. Si se le prende la ‘mecha’ puede ser. ¿Pronto? Lo veo a largo plazo porque uno no sabe qué va a pasar mañana, incluso la próxima hora. Ojalá se haga, me gustaría mucho.    

sábado, 20 de julio de 2013

LA TARUMBA, CIRCO peruano de exportación

24 años con La Tarumba. 'Chebo' Ballumbrosio aporta no solo ritmo negro, también lo andino y marineras. Mistura de sonidos.

Los asistentes de pista montan las carpas y dejan a punto todas las estructuras del circo. Las palmas del público también son para ellos.
El vestuario es el centro neurálgico, antes y durante el espectáculo.
Más allá de la magia puesta en escena, cada montaje de La Tarumba exige mucha creatividad, ensayo riguroso y buenas ideas. Descubra aquí cómo se gesta un espectáculo de la compañía circense más emblemática y querida del país.
Texto: Nilton Torres Varillas.
Fotografía: Ricardo Flores.

Hay 26 pasos desde la puerta del camerino hasta la entrada a la carpa del circo de La Tarumba.
26 pasos que los acróbatas, músicos y payasos recorren primero caminando y luego a la carrera, conforme se va acercando la hora de inicio de la función.
En el vestidor, los artistas se entregan al trajín del maquillaje y calentamiento. Los acróbatas se estiran y ensayan posiciones imposibles. Quienes lucirán los estrambóticos trajes de payaso preparan las pinturas y cremas que los ayudarán a conseguir su caracterización.
Treinta y tres espejos, iluminados por fluorescentes, bordean el interior de los 200 metros cuadrados que tiene la carpa-vestidor. En un lugar privilegiado se ubican los percheros con los trajes, zapatos y sombreros que se usarán durante el espectáculo.
En el ambiente se siente ese nerviosismo propio de quien solo anhela que todo salga como se ha planificado.
Una excitación similar se vive al otro lado de la carpa principal. En el tenderete donde está la cafetería, los encargados de preparar el algodón de azúcar, la canchita y las bebidas se esmeran en tener todo a punto. Lo mismo que los encargados de la venta de camisetas, cd's, libros y demás merchandising.
El público empieza a llegar. Los acomodadores conducen a las personas hasta sus asientos, y a los niños les alcanzan cojines para que tengan mayor altura y vean el espectáculo con facilidad.
Llega la hora. Las luces tenues se apagan y se encienden los reflectores y focos que llenan de color la pista circular ocupada por el elenco en pleno. Los asistentes de pista entran y salen colocando los implementos que necesitan los artistas para presentar el  preámbulo de lo que los espectadores verán durante las dos horas que dura Caricato, el montaje número 22 de La Tarumba.
Un espectáculo cuya creación requiere constancia e incansables ensayos. Así ha sido durante los últimos 29 años. Una labor que exige la implicación de casi un centenar de personas. Cada una aportando sus conocimientos y habilidades para que las ideas que revolotean en la cabeza de Fernando Zevallos, director y padre creativo del grupo,  se haga realidad.
Creando un sueño
Cada golpe del mazo sobre la estaca hace retumbar el piso. La cara de John Pérez se tensa con el golpeteo y una docena de porrazos bastan para fijar sobre el terreno la vara de metal en la que se atan los cables que sujetan el equipo de acrobacias. Faltan tres días para el estreno de Caricato y John junto con los otros cinco asistentes de pista dejan a punto las sujeciones de la carpa principal del circo.
Una semana demora el armado de la carpa principal: la bicolor –Scola Teloni, hecha en Mantova, Italia– que tiene capacidad para 970 butacas. John tiene 23 años y hace tres que llegó a trabajar a La Tarumba. Su labor no se remite solo a armar el toldo principal y los otros adicionales –vestuario, cafetería y de los caballos–. También asiste a los artistas dejando sus implementos a punto para el espectáculo. Otro imprescindible es  Misael Lara, maestro carpintero y ebanista, responsable de todo el trabajo en madera que requiere el circo.
De sus manos y de las de sus ayudantes han salido las tribunas y el escenario circular que durante la temporada se oculta debajo de una elegante alfombra roja. Misael está con La Tarumba desde 1989, cuando los espectáculos se realizaban aún en la casa-teatro de Miraflores.
“Lo más bonito es que nunca sé qué es lo que voy a hacer para cada espectáculo”. A Misael le han pedido construir desde una caja para hacer desaparecer personas por arte de magia, hasta las básculas en las que el elenco se lanza por los aires en el acto de apertura de Caricato.
Su trabajo comienza apenas se definen los números que conformarán cada espectáculo y dura todo el año ya que no solo se trata de crear nuevos artilugios sino también reparar lo deteriorado por el paso del tiempo.
Cada montaje de La Tarumba comienza a tomar forma un par de semanas después de terminada la temporada circense. Fernando Zevallos hace las veces de puente entre los equipos de actores-acróbatas, músicos, producción, iluminación y sonido. Ellos se reúnen y lanzan sus propuestas con respecto a lo que quisieran hacer en el próximo montaje, y Zevallos recoge estos aportes y los adiciona a las ideas que tiene anotadas en un cuaderno que lo acompaña desde hace mucho tiempo.
En enero comienzan los ensayos y el trabajo de perfilar cada acto y cada personaje del próximo show.
“Es un montaje colectivo antes que una creación colectiva. Hay que ordenar las ideas, pulirlas, y al final lo que queda, lo que se ve en el escenario, es trabajo de todos”.
Zevallos no está quieto mientras conversa y acompaña con todo su cuerpo cada una de sus frases. Es como si su cuerpo le ordenara estar en muchos sitios a la vez.
Un par de acróbatas ensaya sobre su cabeza y se remonta tres décadas atrás, cuando La Tarumba no era esa maquinaria de casi un centenar de personas que es ahora, sino solo tres payasos –él, Estela Paredes (su esposa) y Miguel Álvarez– que trabajaban en las calles, en los barrios. Y en esencia lo que plasma ahora en el escenario sigue siendo lo mismo: un trabajo de grupo en el que cada uno carga su parte y se comparte el peso entre todos.
“Y esas columnas, los cables y estacas, pesan bastante”, dice.
Trabajo de grupo
Veinte minutos le toma a Ximena Riveros maquillarse, peinarse y ponerse el traje de gladiadora que usa para el número del trapecio coreano, rutina acrobática que la eleva por los aires asistida por los brazos de sus cuatro compañeros. Ximena se envuelve escrupulosamente las muñecas con una especie de esparadrapo negro –tape atlético, lo llama– y las cubre con unas vendas de algodón que tienen la función de evitar que resbale cuando la sujete su camarada en las alturas.
Este es su quinto espectáculo, más dos años y medio de escuela en La Tarumba, en total ocho años con la agrupación. Y cada temporada ha hecho una cosa diferente: acrobacia ecuestre, números aéreos.
“Cuando acabamos Clásico –el espectáculo del 2012–, dos semanas después ya estábamos trabajando en el nuevo número”.
Antes de cada función Ximena calienta durante un cuarto de hora. Se estira y se prepara mentalmente. Apaga el celular para evitar distracciones, ya que si sale a escena pensando en algún problema puede ser fatal.
La concentración y el entrenamiento permanente son lo usual en el vestuario de La Tarumba.
Aldo Villacorta ensaya una y otra vez los malabares antes de comenzar con la caracterización de payaso de carablanca que le ha tocado hacer en Caricato. A su lado, Patricia Valencia se termina de maquillar y ambos culminan su labor delineándose sobre el ojo izquierdo una estilizada curva que hace las veces de gran ceja que caracteriza al payaso refinado y de traje elegante.
Aldo y Patricia empezaron a perfilar sus personajes a comienzos de año, dándoles forma y personalidad apelando a sus propias propuestas, las mismas que compartían con los otros seis payasos, incluidos los cuatro de nariz roja, con los que interactúan en el montaje. Al ser ellos, primordialmente, quienes llevan la historia de Caricato, fue básica la coordinación estrecha con los músicos, a los que correspondía construir la propuesta sonora a partir de los números de los payasos y del resto del elenco.
Amador “Chebo” Ballumbrosio, director musical de La Tarumba, se empapó, junto a sus siete músicos, en las melodías del circo clásico. El proceso creativo para componer la música de cada montaje, Chebo lo compara con sesiones de musicoterapia, en las que se comunican, aprenden y se expresan. Hace seis temporadas que son los mismos músicos y existe una compenetración fuerte entre ellos. Y cuando dejan oír sus ritmos Chebo baila, salta. Un espectáculo en sí mismo y que sirve para marcar también  una pieza fundamental del show: el sonido y la iluminación.
El trabajo de Martín Estrems es el de vestir con sonidos la creación de los músicos. Desde su consola analógica de 48 canales ubicada en lo alto de la carpa, Martín se encarga de crear el ambiente que exige cada una de las 12 escenas que tiene Caricato, y su contacto directo es con los músicos. A su lado, Luis Castro, realizador de iluminación, está más atento a lo que pasa en la pista con los actores, ya que no solo debe alumbrarlos con las 28 luces robotizadas y decenas de luces helicoidales, sino también crear la atmósfera necesaria para hacer sentir al público magia, ternura, fuerza y diversión.
Domar las emociones
Fernando Zevallos está muy atento a la reacción del público frente al espectáculo. Es por eso que incluso el orden que sigue cada uno de los números está pensado con base en aquello que denomina “dramaturgia de las emociones”. Es decir, que luego de que los espectadores han quedado angustiados por el equilibrista que les ha puesto los pelos de punta al manejar su monociclo sobre un cable suspendido en las alturas, ¡zas!, a continuación suelta el acto de los payasos o la sensualidad de una acróbata.
“El público no debe quedar angustiado ni agotado con lo que ha visto. Debe quedar fascinado, emocionado, limpio, y con su fe renovada en las artes y en sus artistas”.
Ahora mismo, que acaba de comenzar la temporada de Caricato, Fernando Zevallos ya está pensando en el show del próximo año. En el que se le ha ocurrido hablar del Perú y de lo que somos los peruanos.
Y para lograrlo cuenta con toda su gente, desde el asistente de pista hasta el artista consumado. Una gran familia en la que Zevallos incluye al público, ya que es este el que le deja dentro de la carpa su impronta, su energía.
Es por eso que, cada vez que termina una temporada y la carpa se recoge, esa marca que queda en el suelo, esa huella circular donde estuvo el circo, es muy especial. Y cuando se van los camiones y se ha despachado hasta la última pieza del montaje, Fernando, acompañado de algunos de sus colaboradores, se queda mirando ese círculo durante varios minutos.
Porque allí se ha generado mucha energía. Se ha trabajado con las emociones de artistas y público. Eso es imborrable y es además el combustible que impulsa cada nuevo montaje de La Tarumba.
FUEnte:  http://www.larepublica.pe/14-07-2013/todo-lo-que-pasa-detras-del-telon-de-la-tarumba

viernes, 28 de junio de 2013

A.A.A. Asociación de artistas aficionados.

                                         Ricardo Blume y Luis Álvarez en "Collacocha", una de las obras más recordadas de la A.A.A.

Imagen de la película La Lunareja, dirigida por Bernardo Roca Rey y estrenada en 1945.

La Asociación de Artistas Aficionados (AAA) cumple 75 años bregando por la cultura desde su sede del centro de Lima. Este es un breve recuento de su aporte a la historia del teatro nacional y de las figuras que pasaron por sus tablas.
Texto: Raúl Mendoza 
Fotografía: Archivo AAA 
Luis Álvarez, primer actor nacional, subió unas dos mil veces a un escenario a representar al ingeniero Echecopar en la obra "Collacocha" y en todas ellas fue ovacionado. Nadie como él para meterse en la piel de ese personaje pragmático y al mismo tiempo obsesivo. La obra de Enrique Solari Swayne fue estrenada a fines de la década del 50 por la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) y tuvo un éxito sin precedentes. Con el tiempo se presentó en España, México, Uruguay y otros países, con igual suceso. Una obra recordable y recordada.
Como actor, director y maestro de nuevas generaciones de actores, Luis Álvarez estuvo muy ligado a la AAA desde esos años. Fue parte de numerosas puestas en escena y también de los autos sacramentales que esa institución cultural presentó –por primera vez en Lima– en el atrio de la Catedral y de la iglesia San Francisco. "Era una gran personalidad escénica, con una preparación técnica de lo más avanzada para su época", dijo de él Ricardo Blume, otro  gran primer actor nacional. 
Blume compartió escena con él en la recordada "Collacocha". Ahí fue el ingeniero Fernández, el personaje idealista y contrapuesto a Echecopar. Él llegó a los 20 años a la AAA y participó en varias obras bajo la dirección del recordado Ricardo Roca Rey, otra pieza clave en la historia de este grupo cultural. "Yo nací al teatro en esta casa (...) a la sombra de Ricardo, el grande", contó Blume en un texto que escribió cuando la institución cumplió 50 años de vida. Él y otras figuras de renombre formaron parte de la época de oro de la AAA en las décadas del 50 y el 60.
Ricardo no solo fue actor principal del elenco sino que jamás perdió el contacto con la institución ni aun cuando se fue a vivir a México en los años 70. Además de "Collacocha", actuó en los autos sacramentales "El hijo pródigo" y "El gran teatro del mundo", en varias obras de autores peruanos y extranjeros, y a su regreso al Perú en los años 80 le volvió a dar vida a la Escuela de Arte Dramático de la AAA. Con jóvenes actores, Blume montó "El taller", "Crímenes del corazón", "Raíces", y en 1986 presentó, en coproducción con el grupo Ensayo, "Emigrados", una obra exitosa y recordada hasta hoy.
Otro primer actor que se formó en la AAA fue Pablo Fernández. Él empezó cantando en el coro y después ingresó al elenco de teatro, donde "despuntó con su poderosa voz escénica y sus modales naturales", según una semblanza de la propia institución. La lista de actores y directores que pasaron por la AAA es muy larga. Están nombres como Saby Kamalich, Elva Alcandré, Jorge Montoro, Hernán Romero, Eddy Blume, Elvira de la Puente, Orlando Sacha o Luis Peirano, el actual ministro de Cultura, entre los más conocidos. 
Pero la AAA no solo impulsó el teatro desde su tradicional sede en jirón Ica 323, en el Cercado –una casona acogedora y con historia–, sino que también incursionó en el ballet, el canto coral y hasta en el cine. En 1945 estrenó la película La Lunareja, con la producción y dirección de Bernardo Roca Rey, y que protagonizaron María Rivera y Ricardo Roca Rey. Fue un esfuerzo pionero que no volvieron a intentar pero que se reconoce en varios libros del extranjero cuando se refieren al cine de comienzos del siglo pasado en el Perú.
Ya en la década de los 90 hubo un periodo de producción exiguo y además el centro de Lima perdió interés para los aficionados al teatro. Desde el 2000 en adelante se hizo cargo de la dirección de la institución Ximena Arroyo, hija de la actriz Sonia Seminario, que también forma parte de la gran historia de la AAA. Sonia fue protagonista en los años 60 de "El diario de Ana Frank" y este año celebró sus 60 años en la actuación presentando "La eternidad en sus ojos", en el teatro del jirón Ica, el inmueble que la institución ha ocupado todo este tiempo pero que no le pertenece.
Ellas son hoy las herederas de ese sueño que hace 75 años alumbraron tres amigos: Alejandro Miro Quesada, Manuel Solari Swayne y Percy Gibson, y que apoyaron otras personalidades del quehacer artístico como Chabuca Granda o "Mocha" Graña, quien durante décadas hizo el vestuario de las obras. "Son 75 años que la AAA ha luchado por promover la cultura con escasos recursos y contra todos los obstáculos", dice Ximena Arroyo. Ahora, celebrando su aniversario, presentan "Yerma, mujer que no se habita", los sábados y domingos de junio. Un clásico a la altura de su trayectoria.
FUENTE: http://www.larepublica.pe/16-06-2013/la-aaa-vidas-consagradas-a-la-actuacion






sábado, 1 de junio de 2013

PERÚ JA JA...teatro sobre la historia del Perú


Teatro

Carlos Carlín, Christian Ysla y Pablo Saldarriaga vuelven con la comedia 'El Perú Ja Ja' Sabado, 01 de junio de 2013


El estreno es el miércoles 12 de junio.
Los textos escolares cual ladrillos de papel y las soporíferas lecciones de algunos profesores de voz monocorde, nos hicieron creer, cuando éramos escolares inquietos, que nuestra historia era gris y aburrida, repleta de nombres, lugares y fechas por memorizar. Sin embargo, gracias a Carlos Carlín, Christian Ysla y Pablo Saldarriaga se puede ser testigos de lo contrario.
El trío se une nuevamente en uno de los mayores éxitos del teatro peruano  “El Perú Ja Ja”,  la irreverente obra en la que tres personajes son llevados por un viaje a través de la historia del Perú.
Allí se convertirán en conquistadores y conquistados, inquisidores y santos, virreyes e indios; pasaran de ser héroes de la independencia a caudillos militares, de gozar de la riqueza del guano a sufrir la derrota en la Guerra con Chile; y finalmente entre gustos y disgustos, intentar sobrevivir al vertiginoso y convulsionado siglo XXI.
Aclamada como una de las puestas en escena más divertidas que se han dado en el teatro peruano, nos invita a repasar nuestra historia, en ocasiones amarga y problemática, con el infalible acompañamiento de la risa.
“El Perú Ja Ja” se presentará bajo el sello de excelencia de Los Productores y cuenta con la dirección de la genial y multifacética Rocío Tovar, también responsable de “El Perú Ja Ja 2: Los peruanos contraatacan”, “Shake William Shake”, “Tu Lima” y “La Tía de Carlos”, entre otras. Egresada de la facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima, Rocío realizó un master en la USP de Sao Paulo, ciudad donde dirigió “Cuarteto” de Helner Mütler (1994-1995) y  “Andaluz ópera performática” (1997).
La obra se estrena el miércoles 12 de junio  al 15 de julio en el Teatro Peruano Japonés (Av. Gregorio Escobedo 803). Las funciones, con lunes populares, van de jueves a sábado a las 8:30 pm y domingos a las 7 pm, durante junio, y de jueves a lunes a las 8:30 pm y domingos a las 7 pm en todo julio.
FUENTE: http://www.larepublica.pe/01-06-2013/carlos-carlin-christian-ysla-y-pablo-saldarriaga-en-comedia-el-peru-ja-ja


VALERIA ESCANDÓN


Entrevista a la destacada actriz

Valeria Escandón: ‘El teatro es una manera de vivir el mundo’Viernes, 03 de mayo de 2013 



'El Sistema Solar', obra escrita y dirigida por Mariana de Althaus, ha reunido a actores con distintas características, quienes han sabido entrar a la rigurosa dinámica que plantean sus personajes. Valeria Escandón, en escena es 'Paula', y aquí cuenta su regreso al teatro.
Zejo Cortez
¿Cómo así formaste parte del elenco que dirige Mariana de Althaus? 
Antes de viajar a Londres (2004) me formé como clown en Bolaroja (doctura ‘rulitos’) y Mariana me llamó para hacer una obra, pero se me cruzaba con los ensayos del clown y mi viaje; entonces era muy difícil poder estar ahí. Le dije que no, pero me quedé con el bichito de hacer algo con ella. Desde Londres, y por Facebook, que es un mal necesario para la gente como nosotros, seguí un poco lo los trabajos que Mariana hizo después. Leía los comentarios, las críticas y el proceso creativo. 
En mi maestría en Londres, nos enseñaban a los actores a empoderarnos… O sea, como actriz, como teatrera, como creador: con quién quiero trabajar y qué quiero hacer, en lugar de quedarme sentadita a que venga el director.
Entonces, estando en Londres, le escribí un correo a Mariana, contándole que estaba por regresar a Lima y que me había quedado con ganas de trabajar con ella. Creía que ella iba a estar muy ocupada, pero me respondió rápido y me dijo que nos tomemos un café, para conversar acerca de un proyecto nuevo.
Llegué un cinco de diciembre y una de las primeras cosas que hice fue decir ‘manos a la obra’ y nos juntamos el día que fui a ver Criadero (obra de De Althaus), conversamos, y luego me mandó un correo para que leyera uno de los personajes de la obra. Posteriormente, me llamó un día para que vaya a su casa, con la productora, para la lectura del personaje. 
Me encantó el personaje. Además, sentía que quería empezar en Lima con algo chiquito, un personaje algo más introspectivo, como lo es Paula, quien tiene un largo viaje interno a través de la obra. Empezamos los ensayos y estrenamos, y ahora estamos volviendo a estrenar. Hacía tiempo que no trabajaba teatro tradicional, aquí, entre nos, un texto, un personaje…
Antes de viajar, ¿qué estuviste haciendo?
Trabajé en Bolaroja como clown de hospital, 3 años, pero no encontraba de qué manera trabajar con los niños. Algo propio, una mezcla mía y no creada por otros. Encontrar tu voz de poeta, algo tuyo… Entonces, hice una maestría de dos años en la que observé a un niño desde que nació hasta que cumplió dos años, que fue maravilloso para entender la base emocional del niño, el vínculo de prevención de salud mental… y, en esos años, fui ver teatro como una loca, del teatro de allá, que es increíble y muy diverso, y eso fue bueno. 
¿Qué rumbos tomó tu carrera cuando terminastela maestría?
Me quise quedar, me abrieron la opción de la visa; entonces empecé a trabajar con niños entre uno y tres años a través del clown y el psicoanálisis. Conseguí chambas allá en eso, empecé a dictar clown, pero siempre con el bicho de venir a hacer algo aquí. Luego, con una plata que había ahorrado, pensé si era conveniente venir a Lima y comprarme un carro o algo, o meterme a hacer una maestría en teatro. 
Obviamente, como teatrera, me fui por el lado del corazón y me metí unos años a una maestría avanzada de teatro para actores, directores, escritores… en los que chambeabas en diferentes grupos y, al final, armabas una compañía de teatro, como muestra de lo que se hace allá: todo funciona con compañías y te incitan, como actor o teatro, a que puedas vivir bien de esto.  
Descubrí, también, que era un physical performer, que es como el clown… pues me encanta bailar, romper la cuarta pared... Me di mi gusto de hacer una obra que pusimos en algunos teatros de allá, con una chica de Luxemburgo y una australiana. 
Sin embargo, quería venir a hacer teatro tradicional, pero de los textos ricos. Sobre todo, esta obra en la que tienes al público a una distancia donde comúnmente no los tienes. Como estaba acostumbrada al clown, las primeras funciones me costaba no mirar al público. En clown siempre mira, cuando haces una obra o cuando haces algo y nadie se ríe, igual volteas a mirar… 
¿Qué diferencia encuentras entre el teatro que se practica en Londres con el de Lima?
La consciencia de la importancia del teatro y la cultura. El apoyo, no necesariamente de dinero, de ayuda. Si tú pruebas que tienes una compañía que realmente trabaja, se te apoya. Creo que nos llevan bastantes años en la búsqueda de crear distintas maneras de hacer teatro, de montar como se debe hacer, de contar una historia.
En Lima, veo más propuestas de cuando me fui. En Londres ves experiencias one to one, teatro uno a uno, interactivo, en el que entras donde un performer. Allá lo hacen desde hace tanto tiempo… También te preparan un poco más para ser gestor de tus propias actividades.  Tenía un curso en la maestría que se llamaba presencia en la Web, y tenía que hacerme un blog, hacerme fotos profesionales, saber qué foto me conviene poner y qué no, qué quiero decir como actor y qué teatro quiero hacer. 
Ahora, estoy enseñando clown en el TUC, y una de las primeras cosas que digo es: pregúntense esas cosas porque cuando sales, nadie te las va a preguntar. Promover el cuestionamiento, la apertura del espacio, etc. Aquí, hay potencia, pero también hay que abrirle la mente al espectador. Y, como público  teatrero, hay que abrirle la mente a los espectadores.
Abrirle la mente, también, a algunos teatreros, por el egocentrismo que tienen…
Claro que sí, y es bien curioso el tema del ego. Todo actor o actriz se ha encontrado en el espejo con tu monstruito interior, que te jala… pues es una profesión que te confronta. Estás ahí por el  público y no tanto para que te aplaudan. 
¿Qué es el teatro para ti?
Una mezcla de cosas.  Es una manera de vivir el mundo. Al ver, al hacer, es una manera de ver y vivir la vida desde tu conexión contigo, con quien eres, con qué te mueve, qué le mueve al otro, qué te está pasando; una conexión total al momento. También es una pasión que te genera todo tipo de emociones. Es juntarme con muchas personas en un fenómeno antropológico - social que empieza con uno y con el del costado. Cuando a un espectador le mueve algo… ¡ya está! Lo hiciste.
SOBRE VALERIA ESCANDÓN
Bachiller en Artes Escénicas de la Universidad Católica. En el 2002 entra a la Escuela Bolaroja para formarse como clown y trabaja como doctora clown.
Residió en Londres desde el 2005 hasta finales del 2011 donde estudia dos maestrías: Maestría en teatro de The Central School of Speech and Drama de Londres con especialización en actuación. Maestría en Estudios de Observación Psicoanalíticos de la Tavistock Centre de Londres.
En Londres forma la compañía de danza/teatro IN TRANSIT Theatre Company con quien se presenta en teatros y estaciones de trenes.
En el 2011 regresa a Lima y forma parte del elenco de la obra El Sistema Solar. Actualmente es profesora de clown en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica (TUC) y dirige el Espacio de Juego para papás y niños en Como Jugando, Acompañamiento Temprano.
'El Sistema Solar', obra escrita y dirigida por Mariana de Althaus, ha reunido a actores con distintas características, quienes han sabido entrar a la rigurosa dinámica que plantean sus personajes. Valeria Escandón, en escena es 'Paula', y aquí cuenta su regreso al teatro.
Zejo Cortez
¿Cómo así formaste parte del elenco que dirige Mariana de Althaus? 
Antes de viajar a Londres (2004) me formé como clown en Bolaroja (doctura ‘rulitos’) y Mariana me llamó para hacer una obra, pero se me cruzaba con los ensayos del clown y mi viaje; entonces era muy difícil poder estar ahí. Le dije que no, pero me quedé con el bichito de hacer algo con ella. Desde Londres, y por Facebook, que es un mal necesario para la gente como nosotros, seguí un poco lo los trabajos que Mariana hizo después. Leía los comentarios, las críticas y el proceso creativo. 
En mi maestría en Londres, nos enseñaban a los actores a empoderarnos… O sea, como actriz, como teatrera, como creador: con quién quiero trabajar y qué quiero hacer, en lugar de quedarme sentadita a que venga el director.
Entonces, estando en Londres, le escribí un correo a Mariana, contándole que estaba por regresar a Lima y que me había quedado con ganas de trabajar con ella. Creía que ella iba a estar muy ocupada, pero me respondió rápido y me dijo que nos tomemos un café, para conversar acerca de un proyecto nuevo.
Llegué un cinco de diciembre y una de las primeras cosas que hice fue decir ‘manos a la obra’ y nos juntamos el día que fui a ver Criadero (obra de De Althaus), conversamos, y luego me mandó un correo para que leyera uno de los personajes de la obra. Posteriormente, me llamó un día para que vaya a su casa, con la productora, para la lectura del personaje. 
Me encantó el personaje. Además, sentía que quería empezar en Lima con algo chiquito, un personaje algo más introspectivo, como lo es Paula, quien tiene un largo viaje interno a través de la obra. Empezamos los ensayos y estrenamos, y ahora estamos volviendo a estrenar. Hacía tiempo que no trabajaba teatro tradicional, aquí, entre nos, un texto, un personaje…
Antes de viajar, ¿qué estuviste haciendo?
Trabajé en Bolaroja como clown de hospital, 3 años, pero no encontraba de qué manera trabajar con los niños. Algo propio, una mezcla mía y no creada por otros. Encontrar tu voz de poeta, algo tuyo… Entonces, hice una maestría de dos años en la que observé a un niño desde que nació hasta que cumplió dos años, que fue maravilloso para entender la base emocional del niño, el vínculo de prevención de salud mental… y, en esos años, fui ver teatro como una loca, del teatro de allá, que es increíble y muy diverso, y eso fue bueno. 
¿Qué rumbos tomó tu carrera cuando terminastela maestría?
Me quise quedar, me abrieron la opción de la visa; entonces empecé a trabajar con niños entre uno y tres años a través del clown y el psicoanálisis. Conseguí chambas allá en eso, empecé a dictar clown, pero siempre con el bicho de venir a hacer algo aquí. Luego, con una plata que había ahorrado, pensé si era conveniente venir a Lima y comprarme un carro o algo, o meterme a hacer una maestría en teatro. 
Obviamente, como teatrera, me fui por el lado del corazón y me metí unos años a una maestría avanzada de teatro para actores, directores, escritores… en los que chambeabas en diferentes grupos y, al final, armabas una compañía de teatro, como muestra de lo que se hace allá: todo funciona con compañías y te incitan, como actor o teatro, a que puedas vivir bien de esto.  
Descubrí, también, que era un physical performer, que es como el clown… pues me encanta bailar, romper la cuarta pared... Me di mi gusto de hacer una obra que pusimos en algunos teatros de allá, con una chica de Luxemburgo y una australiana. 
Sin embargo, quería venir a hacer teatro tradicional, pero de los textos ricos. Sobre todo, esta obra en la que tienes al público a una distancia donde comúnmente no los tienes. Como estaba acostumbrada al clown, las primeras funciones me costaba no mirar al público. En clown siempre mira, cuando haces una obra o cuando haces algo y nadie se ríe, igual volteas a mirar… 
¿Qué diferencia encuentras entre el teatro que se practica en Londres con el de Lima?
La consciencia de la importancia del teatro y la cultura. El apoyo, no necesariamente de dinero, de ayuda. Si tú pruebas que tienes una compañía que realmente trabaja, se te apoya. Creo que nos llevan bastantes años en la búsqueda de crear distintas maneras de hacer teatro, de montar como se debe hacer, de contar una historia.
En Lima, veo más propuestas de cuando me fui. En Londres ves experiencias one to one, teatro uno a uno, interactivo, en el que entras donde un performer. Allá lo hacen desde hace tanto tiempo… También te preparan un poco más para ser gestor de tus propias actividades.  Tenía un curso en la maestría que se llamaba presencia en la Web, y tenía que hacerme un blog, hacerme fotos profesionales, saber qué foto me conviene poner y qué no, qué quiero decir como actor y qué teatro quiero hacer. 
Ahora, estoy enseñando clown en el TUC, y una de las primeras cosas que digo es: pregúntense esas cosas porque cuando sales, nadie te las va a preguntar. Promover el cuestionamiento, la apertura del espacio, etc. Aquí, hay potencia, pero también hay que abrirle la mente al espectador. Y, como público  teatrero, hay que abrirle la mente a los espectadores.
Abrirle la mente, también, a algunos teatreros, por el egocentrismo que tienen…
Claro que sí, y es bien curioso el tema del ego. Todo actor o actriz se ha encontrado en el espejo con tu monstruito interior, que te jala… pues es una profesión que te confronta. Estás ahí por el  público y no tanto para que te aplaudan. 
¿Qué es el teatro para ti?
Una mezcla de cosas.  Es una manera de vivir el mundo. Al ver, al hacer, es una manera de ver y vivir la vida desde tu conexión contigo, con quien eres, con qué te mueve, qué le mueve al otro, qué te está pasando; una conexión total al momento. También es una pasión que te genera todo tipo de emociones. Es juntarme con muchas personas en un fenómeno antropológico - social que empieza con uno y con el del costado. Cuando a un espectador le mueve algo… ¡ya está! Lo hiciste.
SOBRE VALERIA ESCANDÓN
Bachiller en Artes Escénicas de la Universidad Católica. En el 2002 entra a la Escuela Bolaroja para formarse como clown y trabaja como doctora clown.
Residió en Londres desde el 2005 hasta finales del 2011 donde estudia dos maestrías: Maestría en teatro de The Central School of Speech and Drama de Londres con especialización en actuación. Maestría en Estudios de Observación Psicoanalíticos de la Tavistock Centre de Londres.
En Londres forma la compañía de danza/teatro IN TRANSIT Theatre Company con quien se presenta en teatros y estaciones de trenes.
En el 2011 regresa a Lima y forma parte del elenco de la obra El Sistema Solar. Actualmente es profesora de clown en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica (TUC) y dirige el Espacio de Juego para papás y niños en Como Jugando, Acompañamiento Temprano.
FUENTE: http://www.larepublica.pe/03-05-2013/valeria-escandon-el-teatro-es-una-manera-de-vivir-el-mundo